Abogado, Ingeniero. curioso

miércoles, 9 de agosto de 2017

Burricia






No veo tres en un burro., como dice un conocido refrán.
Yo no sé si a Vds les pasa lo mismo. He tenido que ir al oculista como dejo constancia por la foto. Debo matizar. Al que no veo es al burro, no a los tres subidos en él. Debo aclarar de nuevo. Lo que no veo son burros como los de siempre, también llamados asnos. Porque humanos disfrazados de burros, que parecen burros de tanto hacer el burro hay muchos, como las meigas, "hailos".
Empezando por mí para no herir a ningún otro, soy un burro. Algún día, dentro de poco, colgaré mi foto con cola, orejas, lomo y patas de burro. Ya falta poco para sufrir la metamorfosis completa. Ya ha empezado y empiezo a comportarme como tal ante determinadas situaciones que veo a mi alrededor, porqué lo que no veo bien son las imágenes de burro con los tres subidos en él, pero la situaciones sociales, políticas, de comportamientos asniles, esas las veo. Por eso digo que soy un burro.
El mundo que me rodea debe ser para personas no como yo. Debe ser para los que van encima del burro. Para tres o más. Yo soy el de abajo en el que se montan, o sea el burro.
No he conocido cárceles como Soto del Real, no he hecho tocar ninguna campana anunciando la salida a bolsa de ninguna acción, no he financiado a ningún partido ni me he aprovechado de ninguna comisión. Debe ser que soy un burro. Cuando me reencarne, como me dice que ocurre mi amigo braman, naceré burro directamente, en vez de nacer con figura humana y ser realmente un burro.
Acabo pidiendo disculpas por la reiteración en el empleo del termino burro, pero no veía otra forma. Debe ser porqué soy un burro ( !caray otra vez!).
















viernes, 4 de agosto de 2017

Descanso en un banco de madera.



Hoy me he sentado un rato en un banco de madera.  Es una experiencia que vivo en contadas ocasiones. Hace unos años nunca y ahora, por exigencias del guion, con más frecuencia.
Esperaba oír trinar algún pájaro, pero ya no hay, al menos en las grandes ciudades. Lo más que se oye es berrear a algún niño, con la despreocupación de su señora mamá. Sentarse en un banco, desconectar de los avatares de la vida cotidiana y centrarse en observar lo que te rodea en la proximidad tiene su encanto. He visto a una anciana, de mi edad, revisando ávidamente la carta que acaba de recoger del buzón. Evidentemente una factura o un resguardo bancario del ingreso de su precaria pensión. A su lado un impecable octogenario o como me gusta  decir ahora, un octogeránio, ,leyendo pausadamente, la vista no le da para más, un libro de filosofía, si sí repito, de filosofía.
Más allá, un personaje del barrio, con un pantalón impecable, blanco, cuidando a su perro blanco también como el pantalón para hacer juego. Le había puesto a su alcance una tarrina con agua para que aliviara los calores propios del día canicular. El drama se ocasiona cuando una joven que circulaba, como siempre, atenta a su móvil, tropieza con la tarrina de agua derramando su contenido sin ninguna disculpa. Yo creo que incluso sin darse cuenta. El personaje con rasgos evidentes de afeminamiento, increpa a la joven al estilo de los sainetes de Arniches. En fin, yo que buscaba la tranquilidad, no la encuentro. Mi devaneos metafísicos, alimentados por la quietud de la ausencia de gorjeos, se esfuman. Vuelvo a la realidad y la interesante historia que pensaba contar, fruto de ellos, se evapora entre los arbustos próximos orinecidos probablemente por el  mismo perro del personaje del pantalón blanco complementado con un negro jersey , todo a juego con la inversión de la que os hablaba.

miércoles, 26 de julio de 2017

Precisiones aristocráticas







A pesar de los calores, que diría mi amigo sevillano, tengo ganas de escribir. Desde que relaté el episodio de la señora marquesa en mi anterior entrada titulada " indignación de una aristócrata", este personaje me ha estado persiguiendo, casi esquizofrenicamente, reclamando su presencia de nuevo en mis historias de ficción. Resalto lo de la ficción no vaya a ser que alguno se crea que existen marquesas que desparraman sus tetas encima de las mesas. Las hay, pero no lo hacen durante un banquete con sus invitados, sino casi en privado. Quiero decir con el " privado de su marido, el señor marqués.
Si junto, por tanto, mis ganas de escribir con los imperiosos requerimientos de la señora que me paga, para que lo haga, el resultado no puede ser otro que esta entrada, un bodrio, como no podía ser de otro ,modo cuando se juntan las ganas con las extorsiones con promesa de futuro ( la paga y tal vez otras dádivas)
La señora marquesa era la típica aristócrata del Siglo XVII, criada en ambientes palaciegos de cortesanos reales y terciopelos rojizos. En su niñez se la había criado en un ambiente de moral ficticia, en el que, como la mujer de Cesar, no sólo había que ser puta sino además ejercerlo. Bueno, en realidad, creo que en los tiempos romanos era lo contrario, a al menos con la mujer de Julio Cesar Augusto.
Pues bien, en este ambiente cortesano, Lucrecia, la noble, la de las tetas gordas desparramadas, de vez en cuando, debía demostrar sus encantos, única forma de retener al marqués y a su corte de aduladores. Lo que pasa es que no hacía falta para ello esas demostraciones públicas en fiestas, Bastaba aprovechar un reducido comité de presentes, por ejemplo, el marqués, su privado, y algún amigo íntimo para mostrar sus encantos, que diría un cursi literato de dos siglos anteriores, para denominar lo que ahora conocemos por tetas y hace muy poco pechos y dentro de poco tiempo pectorales.
O sea, en honor a la verdad, debo aclarar que: la señora marquesa ,
1- No desparramó sus tetas en una fiesta pública sino privada
2- Más que desparramar lo que pasó fue que se rompió un botón del corpiño y sus apéndices mamarios fueron a parar con el impulso derivado de su tamaño a la mesa donde los escasos invitados jugaban una partida de cartas francesas.
3- Todo ello lo hizo dentro de las normas maritales que regían en su época para acreditar, como buena esposa, que era puta, es decir cortesana. Recordar que siempre se ha dicho que la mujer debe dedicarse a las labores propias de su sexo, y en aquél entonces lo que hizo Lucrecia era una de las labores sociales propias del género femenino.

lunes, 17 de julio de 2017

Conciencia versus consciencia

La consciencia de la publicidad de mis entradas me está provocando una retención de mi verborrea como escritor. Algo similar a la que mi abultada próstata me provoca en la vejiga  dando lugar a mi problemas urinarios. Pensar que lo que escribo, con mayor o menor fortuna, dejando constancia de mis sentimientos, llega a un público lector me retiene. Entre este público se encuentran, aunque no me lo digan, amigos a los que veo con frecuencia y pensar que descubren mis manías, mis tics, mis delirios persecutorios, mis desencuentros, mis  frustraciones, en fin mi verdadero yo me provoca un cierto desasosiego.  Pienso y me aterra que un día paseando por la calle me cruce con un ciudadano al que no conozca de nada y grite o me grite: anda mira quien va por ahí, el sordo que medita, el obsesionado por las farolas, el del desparrame de tetas de marquesas anónimas. No sé como haría para ocultarme en la cueva más profunda, sobre todo teniendo en cuenta que donde vivo no hay cuevas de las que sirven para esconderse. Sólo hay algún que otro socavón donde puedes caerte.

Todo lo anterior es paja. Donde quería llegar en esta entrada, aún con la mala conciencia que me origina la consciencia de la que hablaba " ut supra", publicar a los cuatro vientos, sin cueva alguna, que hoy, después de cursar 20 asignaturas en la Universidad Pompeu Fabra, me han otorgado un Diploma Senior acreditativo. Estoy orgulloso porque el conseguirlo me ha supuesto sacrificio y voluntad y estas dos características no son muy corrientes hoy día. Los humanos huimos del sacrificio y de todo aquello que suponga esfuerzo.

miércoles, 28 de junio de 2017

Arrepentimiento


Me pregunto: ¿ Cómo se puede ser tal vulgar redactando una entrada como la anterior? Podría borrarla pero prefiero dejarla para dejar constancia de la vulgaridad en la que a veces se cae y que me sirva de escarmiento para el futuro. Una entrada que habla de tetas de una marquesa, no de una marquesina, que están puestas encima de una mesa. ! Qué horror ! !Qué vulgaridad!
Si hay algo que desde pequeño no he soportado ha sido lo normal, lo corriente, lo vulgar. Y heme aquí escribiendo y publicando una historia inventada sobre apéndices femeninos. Unas tetas aristocráticas, pero al fin y al cabo tetas como las demás, Incluso como las mías que a pesar de mi virilidad son grandes y desproporcionadas. Me estoy planteando si en la próxima reunión familiar las pondré encima de la mesa si se produce alguna cuestión a la que corresponda un porqué.
No lo haré. Sería vulgar. Mi familia no me lo perdonaría. Y desde luego si lo hago , no lo publicaré.
Me pregunto ¿ porqué lo hice? ¿ Qué impulso me llevó a escribir algo así.?  ¿ Me vino una vena quevediana?  Yo creo que fue el calor veraniego. Prometo porque puedo hacerlo, que si me viene otro impulso similar, me daré una buena ducha fría.

martes, 27 de junio de 2017

INDIGNACION DE UNA ARISTÓCRATA




Porqué?  dijo la marquesa poniendo sus tetas encima  la mesa. Ninguno de los comensales, más atentos a los voluminosos apéndices mamarios que a la búsqueda de la respuesta, contestaron.

La Marquesa, nerviosa, yo diría que indignada, por la falta de respuesta, desplazó, para llamar la atención, sus tetas hasta el centro de la mesa, repitiendo el ¿ porqué, porqué?

A estas alturas de mi relato os preguntaréis cual era la cuestión que la ilustre dama quería aclarar.

Pensareis que la gran duda era metafísica, existencial tal vez. Pues no. Lo que la marquesa se preguntaba, se correspondía con las pocas dudas que en aquel entonces, comienzos del Siglo XVIII, podían existir.
 La ilustre dama perteneciente a la casta aristocrática, inquiría a sus comensales, notarios, letrados, capitanos, duques, infantones, el porque la sopa que le estaba sirviendo la sumisa y amable doncella de mesa, estaba fría. Sí, sí, como suena. Servir a una mesa de próceres una sopa fría era, entonces, equivalente a una bofetada, y motivo más que justificado de un despido procedente, aunque en aquel tiempo que cuento, todos los despidos eran de esa naturaleza, no porque lo fueran sino por no existir la improcedencia con el servicio doméstico.

Sin poder soportar más la sopa fría y,  lo que era peor, la falta de respuesta de los invitados, la Marquesa retirando primero sus tetas de la mesa y después su voluminoso cuerpo de la silla , se ausentó de la sala sin dar tiempo a  los invitados a responder a su pregunta, ahora que ya, sin la presencia de los voluminosos apéndices habían recuperado todos el habla y se pegaban por contestar.

Yo, el que escribo, desde la distancia a la escena que relato, al tratarse de un autor explícito, me sumo , no obstante, a la indignación de la aristócrata ante una sopa fría. Como ella me hubiera retirado a la cocina para que la solícita fámula me hubiera servido un condumio a la temperatura que las sopas deben servirse, o sea casi quemando. Y eso que lo más a lo que he llegado en el terreno aristocrático es a tener un amigo marqués ( por si alguno duda diré que vivía en la calle Serrano en Madrid)

p/d  Ruego disculpas por utilizar esta escultura griega de Afrodita en una entrada tan vulgar, pero al tener la marquesa de la historia una reproducción en su comedor, ya me ha parecido más disculpable, hacerle una fotografía y colgarla en este post.

martes, 23 de mayo de 2017

Meditaciones de un sordo




Que me perdone la autoridad, pero con o sin su permiso, debo manifestar públicamente que la vida cada vez se me complica más. Solo faltaba que a mi natural pérdida de neuronas, que aunque digan lo contrario los neurobiólogos no se regeneran, se sumen los avatares de la existencia cotidiana. Si además se une a todo ello la malévola conjura de la sociedad, se complica, se me complica todo.
A los de mi edad no hay necesidad de explicarles nada porque entienden lo que digo. Lo están viviendo en su propia carne. A los jóvenes me resulta complicado. Si me pongo a detallar las circunstancias y momentos que me llevan a tener que manifestar que de la vida cada vez entiendo menos, dirán que es consecuencia de haber bajado la dosis de Prozac, que es lo que además de su juventud, ellos toman para no ver el negro. Yo este negro procuro " grisearlo" pero " que si quieres arroz, Catalina". No hay forma.
He leído mucho. He estudiado varias carreras. He indagado los principios religiosos y filosóficos para no llegar a esta situación de incomprensión total de lo que me rodea. Pero veo que la única solución es ofrecerle arroz a Catalina ( metáfora).
Si decido dar un paseo aprovechando en soleado día se me acerca un profesional del timo para, después de una larga perorata, pedirme dinero.
Si decido modernizarme utilizando una herramienta informática de comunicación, si es el correo electrónico me tengo que leer cientos de mensajes basura. Si es el Whatsup, los " amigos" me inundan de videos de toda clase, según sus ideas que no las mías. En fin, complicado, aburrido, empleo de mucho tiempo, del que ya no me queda, en cosas inútiles.
Me estoy apartando cada vez más de lo que me rodea. Si además he llegado al límite de amplificación de decibelios que ofrecen los fabricantes de audífonos, Vds dirán.
He dejado de esforzarme para poder oir y sobre todo para entender lo que oigo. Esta postura de inhibición al menos me proporciona tranquilidad.