martes, 23 de mayo de 2017

Meditaciones de un sordo




Que me perdone la autoridad, pero con o sin su permiso, debo manifestar públicamente que la vida cada vez se me complica más. Solo faltaba que a mi natural pérdida de neuronas, que aunque digan lo contrario los neurobiólogos no se regeneran, se sumen los avatares de la existencia cotidiana. Si además se une a todo ello la malévola conjura de la sociedad, se complica, se me complica todo.
A los de mi edad no hay necesidad de explicarles nada porque entienden lo que digo. Lo están viviendo en su propia carne. A los jóvenes me resulta complicado. Si me pongo a detallar las circunstancias y momentos que me llevan a tener que manifestar que de la vida cada vez entiendo menos, dirán que es consecuencia de haber bajado la dosis de Prozac, que es lo que además de su juventud, ellos toman para no ver el negro. Yo este negro procuro " grisearlo" pero " que si quieres arroz, Catalina". No hay forma.
He leído mucho. He estudiado varias carreras. He indagado los principios religiosos y filosóficos para no llegar a esta situación de incomprensión total de lo que me rodea. Pero veo que la única solución es ofrecerle arroz a Catalina ( metáfora).
Si decido dar un paseo aprovechando en soleado día se me acerca un profesional del timo para, después de una larga perorata, pedirme dinero.
Si decido modernizarme utilizando una herramienta informática de comunicación, si es el correo electrónico me tengo que leer cientos de mensajes basura. Si es el Whatsup, los " amigos" me inundan de videos de toda clase, según sus ideas que no las mías. En fin, complicado, aburrido, empleo de mucho tiempo, del que ya no me queda, en cosas inútiles.
Me estoy apartando cada vez más de lo que me rodea. Si además he llegado al límite de amplificación de decibelios que ofrecen los fabricantes de audífonos, Vds dirán.
He dejado de esforzarme para poder oir y sobre todo para entender lo que oigo. Esta postura de inhibición al menos me proporciona tranquilidad.

domingo, 21 de mayo de 2017

Sitges en mi recuerdo

Estoy muy orgulloso de esta grabación, aunque no la hice yo. Data de hace 6 años, es decir mi nieta que aparece en la imagen tenía entonces 12 años y todavía podía disfrutar de ella, con sus ocurrencias y canciones compuestas entre los dos mientras nos bañábamos en la playa. La playa de Balmins es una playa originalmente nudista pero cuando se gravó el video ya era compartida. Si os fijais aparecen nudistas y otros que no lo son como yo y mi familia que también intentábamos practicar aerobic mientras la monitora, la más cercana en la imagen, no dirigía con los movimientos que efectuaban al compas de la música. He conseguido 1400 visitas en la red, el record de todos los videos que he colgado. No se si conocéis Sitges, pero sino debéis intentar ir alguna vez. Es un pueblo que frecuento y califico como extraordinario, por su gente, incluidos los numerosos homosexuales, por su gastronomía, por sus paisajes, por sus calles, por sus numerosas manifestaciones de arte, y por último por su barrio y museos alrededor de su Iglesia.

sábado, 13 de mayo de 2017

Sueño de farolas





Hoy he tenido un  extraño sueño. Paseaba por la acera de un Parque iluminado por una profusión de farolas colocadas a poca distancia unas de otras. Es como si el encargado de compras del Ayuntamiento hubiera encontrado una oferta muy ventajosa y la hubiera aprovechado para iluminar la acera por la que yo paseaba.
Esto de las farolas empieza a ser un tema obsesivo para mi y pensé que este sueño debía tener un mensaje subliminar. Intenté recordar más del sueño farolatico o si lo preferís farolístico para intentar captar el mensaje. Recordé que cada farola era de diseño diferente, de altura diversa, de iluminación divergente. El color de su luz era rojo en unas, amarillo en otras, fluorescente en la mayoría. Como he dicho antes la distancia farolaria era mínima, casi se tocaban y andar por la acera se había convertido en una aventura para sortearlas y poder seguir adelante.
¿ Qué significado, si es que tenía alguno, tenía todo esto? Como no tenía a mano a Freud, tuve que arreglármelas yo solo con mis escasos conocimientos de interpretación de sueños. Mi teoría es:
Partiendo  de que mi vida, como creo haber escrito en anteriores ocasiones, es un poco parecida a la de una farola, al menos en su relación iluminador- iluminado, se me antoja que la proximidad de las farolas me mandan un mensaje relacionado con la dificultades de mi vital caminar, en el que he ido recibiendo luces de diferentes colores pero que para nada me han facilitado el avance por la acera de mi existencia. La altura diversa de cada farola está poniendo de manifiesto los vaivenes de posición en el transcurso de mis experiencias. Una veces alto y otras la mayoría de poca altura.
En fin, iré a un especialista para intentar que mis sueños cambien de farolas a otros más gratificantes, como por ejemplo soñar con una bolera donde triunfas si derribas todos los bolos y además te los vuelven a ofrecer para un nuevo derribo.

viernes, 5 de mayo de 2017

La farola y mi vida

Aquella farola iluminado pobremente la plaza me trajo a la mente retazos de mi vida. En el fondo yo he pasado por este mundo intentando alumbrar y alumbrarme y solo lo he conseguido pobremente.
A veces me culpo, pero luego recapacito y llego a la conclusión de mi inocencia de este iluminar empobrecido.
El mundo que te rodea es muy complejo, demasiado obscuro, opaco, difícil para conseguir la claridad. Solo destellan los tontos. Los que se creen que aquello que brilla a lo lejos es una estrella que tal vez han iluminado ellos. Los menos tontos, como yo, sabemos que la estrella está a muchos años luz y que su fulgor se lo debe a la galaxia a la que pertenezca. Si lo terrenal brilla es porque el Sol lo ilumina. Entender que brilla porque tú lo iluminas solo lo piensan los tontos.
Nosotros, o al menos yo,  en resumen somos como la triste farola de la plaza. Esto suponiendo, que es mucho suponer que una farola puede estar triste. Como mucho será triste para el que la contempla y se da cuenta de su pobre luz.

lunes, 1 de mayo de 2017

Mi vida y la farola







Me gusta de vez en cuando volver la vista atrás. Sólo de vez en cuando pues hacerlo lleva implícito el riesgo de tropezar con la farola que dejas de ver. El porqué de esta actitud de riesgo está en la necesidad de reavivar la experiencia que el pasado proporciona. Hacerlo tiene sus riesgos y no solo el de la farola. Es arriesgado volver  a momentos en que tomaste decisiones equivocadas que ya no puedes rectificar. Yo de éstas he tomado muchas y el recordarlas me desasosiega. Antes mencionaba la experiencia que proporciona el pasado. Eso es cierto pero también lo es que determinadas equivocaciones se produjeron en un contexto vital que ya no se repetirá. Cuando yo tomé la decisión de dejar mi lugar de nacimiento, trasladar mi domicilio arrastrando con ello a toda mi familia, fue en un momento determinado que no volverá a producirse. No tendré la oportunidad de aprovechar mi experiencia para rectificar decisiones equivocadas.
Cuando miro hacia atrás en el tiempo y mediante una rápida " regarde" veo lo vivido, me siento satisfecho. A la vida no se la puede pedir más. Como diría un budista: es lo que hay. Mis genes, mi hábitat familiar, es decir mi genotipo y mi fenotipo me han permitido vivir la vida que he vivido. ¿ Qué podría haber sido mejor? Es posible, pero ya sabéis el dicho aquel de la abuela . Si hubiera tenido los genitales de mi abuelo, ya no sería mi abuela. Quiero decir que si mi vida hubiera sido mejor ya no sería la que he tenido, de la que estoy muy satisfecho.

miércoles, 12 de abril de 2017

PROCESIONES

La Semana que siguen llamando Santa lo que demuestra el arraigo de las costumbres, ya no se parece en nada a la que yo milagrosamente recuerdo. El calificativo de milagroso no tiene connotaciones religiosas. Lo que quiero decir es que el que yo recuerde comienza a ser un hecho excepcional al que yo aplico el calificativo de milagroso.
Yo, de joven, pasaba la Semana Santa en Madrid. En aquel entonces, no se desplazaba nadie. Estos días se pasaban donde se vivía. Destacaría las procesiones y las torrijas. La procesiones las organizaba el clero, las torrijas mi madre. En aquellos tiempos gozaba con las dos cosas, hoy día sólo con las torrijas, que ya no puede hacer mi madre por razones evidentes, pero que, por suerte para mi, hace mi esposa.
Espero que el que me lea conozca la torrija, dulce casero típico de las fiestas de las que hablo. En mi casa se hacía las de vino y las de leche. Entonces prefería las primeras. Ahora no. La edad no perdona.
Sobre las procesiones diré que en Madrid destacaban dos. La del Jueves Santo por la tarde y la llamada " del Silencio" el día siguiente, Viernes Santo. La verdad es que a pesar del ambiente extremadamente religioso que en aquellos años, se extendía por Madrid como una patina, la procesiones no eran extremadamente solemnes. He disfrutado y me he impresionado más posteriormente viendo los pasos de Salcillo que se exponen en el Museo de Arte de Valladolid, al que he visitado ya cumplidos los 60.años.
Si tengo que hablar de procesiones vividas y especialmente sentidas no tengo más remedio que hablar de las de Sevilla, aunque estén rodeadas de un clima a la vez religioso y profano. Duran todo un día, salen de mañana de la Cofradía y vuelven a la noche después de un largo recorrido por la ciudad. Es tan largo que lo cofrades que cubren por ambos lados los pasos llevan a su lado una segunda fila, madres, novias, con el aprovisionamiento. Igual que en las guerras napoleónicas. En las paradas que efectúan regularmente se produce la diáspora de los necesitados en aligerar la vejiga.
Cuando la Virgen o el Cristo pasan por determinados lugares se enfervoriza la procesión con la Saetas y canciones a la Virgen- Yo confieso mi emoción. En otros momentos del largo recorrido, como es lógico, los participantes se relajan y aprovechan para hablar de sus cuitas , que son muchas.
En fin, acabo, como decía Machado, todo pasa y todo queda. Ha pasado los tiempos religiosos de aquellas procesiones que yo vivía, pero queda algo mezcla de fervor, tradición, festejo, que no se cuanto durará.

lunes, 3 de abril de 2017

Lo efímero y los valores.









Ahora que me lo planteo no se si se dice efímero o emífero. Debe ser  la edad. Esta duda para mí
es casi existencial. ¿ Porqué esta chorrada, os preguntareis ? Os explico. Uno de mis pseudónimos en las redes es el de nictemero. Y precisamente esta palabreja significa efímero, ¿o será emifero?.
En el fondo, a mí me importa un carajo. No existe contradicción en lo que estoy diciendo. El término existencial para mí no tiene la enjundia que algunos filósofos le dan. Lo existencial, lo existente, lo que vemos a nuestro alrededor y creemos que existe, ahora, en mi vejez me importa un carajo.
A mí, ahora y siempre, me han importado ciertos valores que ahora ya no existen.
Por ejemplo, la honradez. ¿ Donde está ? ¿ Quien ahora ostenta esta característica? , ya no me atrevo a decir virtud. Nadie, sólo los estultos siguen siendo honrados.
Creo que era Diógenes el que buscaba con un candil un hombre honrado. Mujeres ya ni las buscaba. En su época eran un punto muy aparte. No tenía interés buscar y encontrar alguna.
Buscaré en el Diccionario, que para algo sirve. Y si resulta que se dice efímero, como casi creo, habré despejado mi duda carajal que no existencial y volveré a mi quietud en la que estaba antes de empezar a escribir estas aburridas líneas.