Abogado, Ingeniero. curioso

jueves, 27 de agosto de 2009

PASCUAL HOMBRE CABAL

SEXTO EPISODIO

Al llegar a la vivienda unifamiliar, Pascual advirtió que la puerta estaba entornada y la cerradura forzada. Intentó entrar sigilosamente, sin encender la luz. El conocía la vivienda perfectamente y no necesitaba iluminación. Al dar el primer paso tropezó con algo. Era el cuerpo de su amigo tendido en el quicio de la puerta y con evidentes señales de haber sido apuñalado.
Su primera intención fue avisar a la Jefatura de Policía, Sección especial de Homicidios, sita en la Vía Layetana, pero desistió de hacerlo. Se vería involucrado en un tema turbio y saldría a la luz su conocimiento parcial del asunto, con lo que su vida también podría correr peligro. Decidió marcharse procurando dejar todo como lo encontró al llegar para no desvelar a la Policía científica su visita al escenario del crimen.
Necesitaba estar solo. Se estaban sucediendo una serie de acontecimientos que exigían recapacitar. Tenía varias opciones:
--Dejar las cosas como estaban, olvidándose de la mujer china , de las mafias y de la madre que parió a todos ellos.
--Acudir a la Policía para denunciar los hechos que sabía.
--Seguir investigando por su cuenta.
Sopesó los pros y los contras de cada opción. La solución primera era la más juiciosa pero chocaba de frente con su forma de ser y su deber hacía su amigo Robert.
La segunda la descartó de forma inmediata por las razones ya apuntadas. La tercera, con sus evidentes riesgos le pareció la más adecuada a la situación. No ignoraba que era la que le traería más quebraderos de cabeza, pero por su contenido de riesgo y porque no decirlo, por la posibilidad de conocer personalmente a la china que había seducido a su amigo, aún a costa de su vida, le llevaba irremisiblemente hacía esa dirección.
Decidió, no obstante, tomarse un respiro de varios días antes de iniciar la labor de investigación.
Al finalizar este periodo fue al parque y se sentó en el banco donde le encontramos al inicio de esta historia.
Cuando al finalizar el día se dirigía por el arbolado paseo, lleno de hojas secas caídas por el viento del otoño, hacia su domicilio, la intempestiva aparición de Nakamura le produjo un sobresalto mezcla de miedo y deseo.
Nakamura, era una mujer bellísima, con esos rasgos de misterio que tienen las mujeres asiáticas. Su vestido era occidental y dejaba translucir las formas de su cuerpo. Pascual, hombre cabal como hemos dicho, se descabaló. La diferencia de edad provocaba un sentimiento de protección hacia Nakamura, que se unía al de deseo que de forma espontánea surgió al verle allí delante de él. El sentimiento protector le incitaba a abrazarle, pero tuvo miedo que ella se diera cuenta del deseo no precisamente paternal carnal que sentía y se contuvo. Con el pretexto de encontrar un lugar discreto para hablar, le invitó a su casa. NAKAMURA aceptó, no sin antes dudar unos segundos que a Pascual le parecieron horas. (1 )
Nakamura que hacía poco que había llegado de Hong-Kong acompañada por un protector, estaba obligada a colaborar con las Triadas, introduciendo la droga y prestando labores de prostitución a altos ejecutivos . Era lo que se llama una prostituta de lujo. Ejercía su labor en un hotel de la ciudad con hombres o mujeres que habían requerido sus servicios a sus protectores. Además de esta labor, se desplazaba con cierta asiduidad a Europa para transportar dinero y así blanquearlo.



(1) Como es posible que esta novela no consiga el “nihil obstat” y pueda llegar a los ojos de lectores no suficientemente formados o tal vez desinformados, no relataré los detalles obscenos relativos al sexo, los pasaré por alto y me limitaré a contarles solo las obscenidades relativas a la actividad de NAKAMURA. Me refiero a su relación con las redes de prostitución y blanqueo de dinero, que son mejor vistas por la Sociedad


Es evidente el riesgo que continuamente corría en el paso de Aduanas de los Aeropuertos, pero este trabajo estaba dentro de sus obligaciones y no podía evitarlo sin sufrir graves represalias. Esta situación la tenía asustada y así se lo explicó a Pascual, que la escuchaba atentamente, viviendo con ella el sufrimiento provocado por la situación.Pascual decidió actuar. La dio un beso puro de despedida, aunque hubiera preferido la práctica de otras demostraciones de cariño más intimas y menos puras y quedó para el siguiente día en la calle Trafalgar.