Abogado, Ingeniero. curioso

viernes, 14 de agosto de 2009

PASCUAL HOMBRE CABAL

QUINTO EPISODIO

Robert vivía, desde hacía mucho tiempo en una pequeña casa que habían comprado sus padres en la bajada del Tibidabo, el gran parque temático situado en la montaña del mismo nombre, vivía concretamente en la calle Nazaret . Decidió coger el Metro de la línea 4 en la estación de Ciudadella y trasbordar en Paseo de Gracia a la línea 3. Se bajaría en Vall de Hebrón e iría a pié hasta la calle Nazaret. Suponía un largo trayecto pero era el mejor y le permitiría pensar sobre el tema.
En el metro no observó nada anormal. Iba nervioso pensando en el individuo que había visto en el Parque mientras esperaba a su amigo, pero todas las personas que le rodeaban parecían aparentemente normales. Se fijaba especialmente en los de raza oriental. Alguna mujer oriental observada notó que se rebullía molesta en su asiento.
Al llegar a la estación de Passeig de Gracia, en la que debía cambiar a la línea verde, la 3 en dirección a Montbau, un pasajero le empujó al salir del vagón y le obligó con ininteligibles palabras a dirigirse hacia la salida del metro. Pascual se asustó pero posiblemente por eso tomó la decisión de alejarse corriendo por el andén en dirección contraria a la que le ordenaba el pasajero.
Consiguió despistar a su perseguidor, subió las escaleras tropezando con varios usuarios y al final salió a la calle. Corrió Paseo de Gracia dirección a la Plaza de Joan Carles, antes de la Victoria, y volvió al metro entrando por la estación de Diagonal. Su obsesión era ahora llegar a casa de su amigo para acabar de entender una historia que le empezaba a tener muy preocupado y que presumía peligrosa. Dudó en volver y dejar todo sin resolver pero su interés le empujaba a seguir.
Al llegar a su destino, Pascual que ya había conseguido sobreponerse al susto, salió del vagón del metro y mediante las escaleras mecánicas alcanzó la calle.

No pudo evitar los recuerdos que la Residencia General del Valle Hebrón le traía. Allí hace varios años , había muerto su esposa después de una penosa enfermedad. Procuró dejar estos recuerdos aparcados y se concentró en la misión que le había traído hasta estos barrios de la parte alta de Barcelona.
Con su amigo Robert había disfrutado de momentos muy especiales en aquellos barrios. En varias ocasiones, aprovechando la ausencia de los padres de su amigo, las juergas juveniles y ya no tan juveniles, habían sido frecuentes. Robert y él nunca habían tenido dificultad para conseguir ligues, sobre todo su amigo. Él era más tímido y necesitaba un pequeño empujón. Lo cierto es que las chicas que conseguían llevar a la casa no hacían remilgos para iniciar las fiestas de consagración del sexo. La vetusta casa de Robert por un lado permitía la discreción pero por otro impresionaba con sus altos techos con retorcidos artesonados, viejas lámparas de cristal e interminables pasillos.
Con esta confusión de recuerdos Pascual llegó a la calle Nazaret, no sin antes sortear las obras que, como no, se realizaban por entonces y como siempre en Barcelona, especialmente en la parte de la ciudad en la que se desarrolla esta historia.