Abogado, Ingeniero. curioso

miércoles, 9 de septiembre de 2009

La inmaterialidad fruto de la ausencia de pensamiento

Un laborioso instalador de luces, en Cataluya se le llama lampista, ha invadido mi normalmente tranquilo despacho. No he tenido otro remedio que coger el PC portatil y trasladarme a otra habitación. Desde ella escribo esas notas. El ruido de la calle que se filtra atraves de la ventana de la terraza, me impide pensar. Tal vez es una buena excusa para justificar la falta de pensamientos que últimamente me atenaza. Dijo el filósofo: pienso luego existo. Digo yo: no pienso, luego no existo. A lo mejor en esto consiste la inmaterialidad o si me permitis una extravagancia gramatical, la fantasmabilidad. De esto último saben mucho los personajes varios que nos van apareciendo en la vida, fantasmas sin pensamiento, payasos inmateriales que no hacen reir a nadie. Muy al contrario hacen llorar.
Sigo oyendo el ruido. Sigo pensando con dificultad. Creo que lo mejor será que aprovechando que estoy,por las razones de lampista aludidas,en el cuarto de la televisión, aproveche a embrutecerme un poco más, que ya es decir, y conectar con la TV-5 para ver si tengo suerte y estan transmitiendo un reality- Show de esos que te convierten en fantasma para siempre.