Abogado, Ingeniero. curioso

miércoles, 3 de agosto de 2011

EL VERANO Y SUS CALORES

Desde la atalaya en la que habitaba , Miguel divisaba el extenso campo del "far niente". El, aunque su condición era la de jubilado del trabajo laboral diario al que por necesidad de cobertura de las necesidades y caprichos diarios se había obligado a practicar muchos años , ahora que se permitía pertenecer a la gran masa de " vegetales" que cubría dicho campo, no acababa sin embargo de integrarse entre ellos. 
Recordaba los años en los que la llegada del periodo vacacional suponía un hito importante de su vida laboral. Ahora que no tenía dicha vida, la llegada del verano no suponía nada. El  en esta época no se movía de su lugar de residencia. Sus hábitos en verano practicamente continuaban siendo los mismos. Observaba desde su "atalaya" el trajín de maletas de los que abandonaban la ciudad y se preguntaba, sin respuesta, como era posible que él, en su día, hubiera realizado el mismo rito. Se identificaba con el esfuerzo de los padres para conseguir, a costa de ellos mismos, el disfrute de sus hijos. El lo había practicado durante muchos años. Pasados los años eran estos hijos, en su caso hijas, las que habían heredado la carga .
Aunque es cierto que  la ciudad no se despoblaba como hace unos años, pero el mes de Agosto seguía siendo tributario del éxodo. Y eso a él le venía muy bien. Calles tranquilas, bares tranquilos, poco tráfico. Además la climatología desde hace algunos años y en concreto desde su jubilacion era generosa con los " calores". A pesar de la edad, había adoptado con la crítica de su esposa, los pantalones cortos para esta época veraniega, y se hacia de notar, como dirian en los pueblos castellanos.
Lo que no conseguía mitigar a pesar de los pantalones cortos era el sudor que le provocaba la cada vez más angustiosa situacion de su economía. Cuando leía las referencias a la prima de riesgo, concepto económico ininteligible en un principio, pero al que había llegado a comprender, al sudor provocado por su propia precariedad, se unía el de la economía mundial. Contra este sudor no había ventilador alguno que lo mitigase.