Abogado, Ingeniero. curioso

jueves, 28 de marzo de 2013

El sufrimiento de la cruz


El penitente arrastraba con dificultad la pesada cruz que la cofradía le había asignado. El esfuerzo era superior a lo que podía soportar y la sangre empezaba a brotar de sus maltrechos pies. Se esforzaba, al caminar por el empedrado de las calles de Segovia, en olvidar sus pesares . Rezaba sin denuedo, dedicando al Cristo que acompañaba en la procesion sus esfuerzos, sus pesares, su sangre derramada.
A pesar de todas esas circunstancias, de su cabeza no se iba el recuerdo de su familia. Esa familia desahuciada por impago de la hipoteca que en breves días sería lanzada de su casa, junto con los cuatro enseres que pudieran retirar.
Comparó la pesada cruz que llevaba a cuestas con la que la vida le estaba haciendo llevar sus problemas económicos. Las dos cruces eran pesadas pero sin duda la de la vida lo era más. La de madera tenía un fin cuando acabara la procesion del silencio y la dejase en la cofradía. La de la vida no . El peso, se le antojaba, sería cada vez mayor. El silencio que en esos momentos se sentia en la procesion no sería el mismo cuando tuviera que defender lo poco que le quedaba ya. Entonces gritaría. En la vida hay muchas personas con su cruz a cuestas y en su propia procesion del silencio. En esos momento en los que caminaba por la calle arrastrando su cuz de madera, pensó y rezó por ellas pidiendo al Señor, en el que creía firmemente que aliviase a los que sufren esa cruz aunque la suya propia, la que ahora tenía sobre sus hombros tuviera que aguanterla unas calles más.