Abogado, Ingeniero. curioso

sábado, 12 de abril de 2014

MEDITACIONES EN UNA TARDE DE DOMINGO

Una tarde de Domingo, plácida, tranquila, mientras escucho canciones de María Dolores Pradera, medito. Hacerlo de vez en cuando me pone en marcha el sistema límbico generando dopamina y causándome un placer inmenso. Meditar cuando ya los años pasados  han cubierto casi todos tus deseos y esperas con tranquilidad lo que te pueda pasar, es placentero. Te permite recordar los errores cometidos que son muchos, los aciertos que son pocos, recrearte en los amigos verdaderos, abrazar con el pensamiento a todos los que quieres..
Medito, por ejemplo, que me han entrado unas ganas inmensas de saber. Por una parte esto me alienta a seguir en esta vida cuando se va haciendo ya dura, pero por otra, al ver que mi ignorancia es como un gran océano que no acaba nunca, en el que me está ahogando mi propia ignorancia, me produce desasosiego pensar en el que poco tiempo que tengo para nadar y alcanzar la orilla del conocimiento
Ahora que estudio la literatura del Siglo XVI, y repaso la poesía y narrativa de aquel siglo, encuentro una sensación placentera repasando textos y versos ya conocidos pero releyéndolos con una nueva perspectiva, la que da los años. Han transcurridos 60 desde que leí  a Garcilaso de la Vega por primera vez. No es lo mismo leer la poesías a la amada, el desgarro del desamor, entonces y ahora. Cuando un enamorado no correspondido lanza su dolor por medio de la pluma del poeta, pide escapar de su cárcel , y lo lees, no lo sientes igual con 17 años que a los 77.
Releo textos del Quijote, libro que en su día no pude leer, y me doy cuenta de su humor, su mensaje,
su contenido de humanismo propio de la Edad de Oro del siglo en que fue escrito.
En fin, acabando, si podéis,  escuchando a María Dolores Pradera, aprovechando un plácido Domingo, meditar.