Abogado, Ingeniero. curioso

domingo, 31 de mayo de 2015

Entre Pinto y Valdemoro

 
 
De pequeño me contaban la historia de un lugareño toledano que tenía como costumbre ir a la orilla del rio, más bien acequia, que atravesaba sus tierras separando Pinto de Valdemoro, dos pueblos toledanos, que por entonces contaban con muy pocos habitantes. El lugareño, como diversión saltaba el cauce del riachuelo gritando : ! estoy en Pinto!  y materializado el salto  ! estoy en Valdemoro!
Hete aquí que en uno de los saltos cae al agua y desde ella grita ! ahora no estoy ni en Pinto ni en Valdemoro !
Os esteréis preguntado ¿ a qué viene esta historia ?, que  además tiene, como todas las que nos cuentan de niños, visos de no ser verdad. Pues viene a cuento, metáfora de " ser oportuna", para reflejar la situación física, mental, espiritual, cognitiva en la que me encuentro. Estoy, nunca mejor expresado, entre Pinto y Valdemoro. Pero, además con un agravante, el rio al que me he caído, expresión metafórica de situación de desorientación, no es como el del lugareño que os decía, sino de una cantidad de agua y con una profundidad que supone una gran riesgo de hundimiento físico, moral, mental, espiritual y cognitivo.
Yo creía que después de tantos años vividos, de tantos saltos, de tantos chapuzones, no caería a ningún rio y si me ocurría saldría de él con facilidad. Pues resulta que no.
Yo ya sabía que los años no perdonan, metáfora para expresar que el paso del tiempo ataca sin piedad, pero creía, inocente de mí, que el ataque era a los huesos, a las articulaciones, a las neuronas, a los músculos, pero no a las emociones, que ahora me entero están alojadas entre el sistema límbico y la corteza pre-frontal. A los mayores, metáfora que se emplea para evitar calificarnos de viejos, las emociones, aunque algún joven no se lo cree, no atacan con más virulencia que a los menos mayores.
Un desaire del ser querido, una falta del cariño que creemos merecer, un comportamiento de la Sociedad en la que nos movemos que pensamos inadecuado, nos duele, nos hiere, nos desbarajusta nuestro sistema neuronal. Por eso tal vez sufrimos más de lo debido, lloramos más de lo aconsejable, nos rebelamos interiormente más de lo permitido por nuestras arterias coronarias.
Hay que hacer muchos esfuerzos para salir del rio y a veces no lo conseguimos. A todo esto me refería cuando contaba la historia del lugareño saltador de ríos.