Abogado, Ingeniero. curioso

domingo, 19 de febrero de 2017

Suicidio que no fue

Recordareis una entrada de blog en la que contaba mi suicido especular. Si no la recordáis o no la habéis leído, conviene que lo hagáis. Sino no entenderéis lo que ahora os cuento.
En aquel pasado encuentro con mi yo, éste me empujaba por un rocoso acantilado. Hablaba de suicidio o sea se suponía que acababa despeñado y muerto.
Pues bien, heme aquí que por arte de la ficción, elemento imprescindible en toda historia que se precie e intente atraer al lector, vuelvo a estar, utilizando la técnica de Flash- back. Retrocedo en la historia y marcha atrás en la imagen me sitúo justo un segundo antes de que mi yo me empuje.
Ruego al lector haga conmigo un acuerdo de suspensión de la credibilidad, porqué de otra forma mi historia no es creíble y os aseguro que lo que cuento a continuación es cierto, increíblemente cierto.

Resulta que el paseante al que yo creía mi sosias, y al que yo le atribuí el brazo ejecutor de mi suicidio, cumpliendo mi íntimos e inconfesables deseos de morir, no lo era, Se trató de un error, se me parecía mucho pero no era yo. Consecuencia de este error el empujón se convertía en un acto voluntario por mi parte de abandonar esta bendita tierra, comenzando por el acantilado en que me encontraba. Y esto ya no me gustaba. O al menos no era tan bucólico.
Tenía que inventar otra historia para justificar que acabase al fondo del barranco. Por ejemplo al cruzarme con mi supuesto y falso otro yo, tropezaba, dando lo angosto del camino y dejarle cortésmente el paso, con un peñasco que me hacía perder la verticalidad y caer, caer, caer, hasta el fondo.  Eso si con un tranquilo rio que discurría al final del acantilado y recogía en sus húmedas aguas mi maltrechos huesos.

Este final ya era otra cosa y además más creíble que mi anterior versión, que algún mal pensado podría pensar copiada de alguna historieta de ficción de Borges.

Por eso lo de dar marcha atrás en mi anterior relato. Creo. que le debo al crédulo lector otra explicación de como y cuando acabé mi días paseando por un acantilado de Nueva Inglaterra.
Otro día lo haré. Hoy ya es tarde, tengo sueño y con sueño se inventa mal, a pesar de lo que decía el autor de la Vida es sueño, Calderón el de la barca