Abogado, Ingeniero. curioso

viernes, 17 de marzo de 2017

Desde una biblioteca



Nada, no hay manera. Tengo unas horas para preparar mi columna para el periódico y no se me ocurre nada. Cuando parece que ya tengo alguna idea para comenzar pasa volando la mosca de turno, sigo su vuelo y la idea se me va con ella. Se que famosos autores sufren sequias de  años. Pero yo, ni soy autor, ni soy famoso. Yo simplemente o soy vago, literariamente hablando, o no tengo nada que decir. Me apunto a esto último.
De pronto, por detrás, alevosamente, me viene la inspiración en forma de voluptuosa idea atravesando los libros rigurosamente ordenados en la Biblioteca en la que me encuentro. Las bibliotecas son un buen lugar para sentarse delante del ordenador e intentar comunicar algo. Tal vez el espíritu de los autores de tantos y tantos libros contenidos en sus estanterías vuele hasta la parte del cerebro responsable de la composición literaria y le inspire.
Yo, por mi parte, aprovecharé la inspiración y provocando una fuerte expiración, que me relaje, iniciaré mi perorata , que no verbal, sino gráfica. Iba a decir que os voy a contar que siento cuando llego a una Biblioteca. Quiero decir, mis sensaciones al verme rodeado de libros, de todas las materias, a mi disposición para su consulta o préstamo si su valor literario lo merece. Pero no lo diré porque cuando empiezo a decir algo no tengo las ideas muy claras y si digo que voy a deciros algo, luego no lo digo y quedo mal. ! Vaya un lio !
Hay muchos ambientes de biblioteca. Encontrar uno tranquilo en el que puedas leer concentrándose es, ahora, casi imposible, La avalancha de futuros ilustrados, ahora estudiantes sin lustre, es enorme en las Bibliotecas privadas o públicas. No digamos nada de la universitarias. Los usuarios sin respeto a los demás, forman grupos ruidosos que imposibilitan al lector tranquilo cumplir con la tarea que le ha llevado al recinto. Por eso a alguien como yo que deseo hilvanar una historia , un suceso, un hecho, y contarlo sobre un papel o pantalla de ordenador le resulta imposible hacerlo.
La inspiración se fue con la mosca y si vuelve no podré concentrarme para contar lo que me venga en mente.
He decidido marcharme de la Biblioteca.