miércoles, 12 de abril de 2017

PROCESIONES

La Semana que siguen llamando Santa lo que demuestra el arraigo de las costumbres, ya no se parece en nada a la que yo milagrosamente recuerdo. El calificativo de milagroso no tiene connotaciones religiosas. Lo que quiero decir es que el que yo recuerde comienza a ser un hecho excepcional al que yo aplico el calificativo de milagroso.
Yo, de joven, pasaba la Semana Santa en Madrid. En aquel entonces, no se desplazaba nadie. Estos días se pasaban donde se vivía. Destacaría las procesiones y las torrijas. La procesiones las organizaba el clero, las torrijas mi madre. En aquellos tiempos gozaba con las dos cosas, hoy día sólo con las torrijas, que ya no puede hacer mi madre por razones evidentes, pero que, por suerte para mi, hace mi esposa.
Espero que el que me lea conozca la torrija, dulce casero típico de las fiestas de las que hablo. En mi casa se hacía las de vino y las de leche. Entonces prefería las primeras. Ahora no. La edad no perdona.
Sobre las procesiones diré que en Madrid destacaban dos. La del Jueves Santo por la tarde y la llamada " del Silencio" el día siguiente, Viernes Santo. La verdad es que a pesar del ambiente extremadamente religioso que en aquellos años, se extendía por Madrid como una patina, la procesiones no eran extremadamente solemnes. He disfrutado y me he impresionado más posteriormente viendo los pasos de Salcillo que se exponen en el Museo de Arte de Valladolid, al que he visitado ya cumplidos los 60.años.
Si tengo que hablar de procesiones vividas y especialmente sentidas no tengo más remedio que hablar de las de Sevilla, aunque estén rodeadas de un clima a la vez religioso y profano. Duran todo un día, salen de mañana de la Cofradía y vuelven a la noche después de un largo recorrido por la ciudad. Es tan largo que lo cofrades que cubren por ambos lados los pasos llevan a su lado una segunda fila, madres, novias, con el aprovisionamiento. Igual que en las guerras napoleónicas. En las paradas que efectúan regularmente se produce la diáspora de los necesitados en aligerar la vejiga.
Cuando la Virgen o el Cristo pasan por determinados lugares se enfervoriza la procesión con la Saetas y canciones a la Virgen- Yo confieso mi emoción. En otros momentos del largo recorrido, como es lógico, los participantes se relajan y aprovechan para hablar de sus cuitas , que son muchas.
En fin, acabo, como decía Machado, todo pasa y todo queda. Ha pasado los tiempos religiosos de aquellas procesiones que yo vivía, pero queda algo mezcla de fervor, tradición, festejo, que no se cuanto durará.