Abogado, Ingeniero. curioso

miércoles, 26 de julio de 2017

Precisiones aristocráticas







A pesar de los calores, que diría mi amigo sevillano, tengo ganas de escribir. Desde que relaté el episodio de la señora marquesa en mi anterior entrada titulada " indignación de una aristócrata", este personaje me ha estado persiguiendo, casi esquizofrenicamente, reclamando su presencia de nuevo en mis historias de ficción. Resalto lo de la ficción no vaya a ser que alguno se crea que existen marquesas que desparraman sus tetas encima de las mesas. Las hay, pero no lo hacen durante un banquete con sus invitados, sino casi en privado. Quiero decir con el " privado de su marido, el señor marqués.
Si junto, por tanto, mis ganas de escribir con los imperiosos requerimientos de la señora que me paga, para que lo haga, el resultado no puede ser otro que esta entrada, un bodrio, como no podía ser de otro ,modo cuando se juntan las ganas con las extorsiones con promesa de futuro ( la paga y tal vez otras dádivas)
La señora marquesa era la típica aristócrata del Siglo XVII, criada en ambientes palaciegos de cortesanos reales y terciopelos rojizos. En su niñez se la había criado en un ambiente de moral ficticia, en el que, como la mujer de Cesar, no sólo había que ser puta sino además ejercerlo. Bueno, en realidad, creo que en los tiempos romanos era lo contrario, a al menos con la mujer de Julio Cesar Augusto.
Pues bien, en este ambiente cortesano, Lucrecia, la noble, la de las tetas gordas desparramadas, de vez en cuando, debía demostrar sus encantos, única forma de retener al marqués y a su corte de aduladores. Lo que pasa es que no hacía falta para ello esas demostraciones públicas en fiestas, Bastaba aprovechar un reducido comité de presentes, por ejemplo, el marqués, su privado, y algún amigo íntimo para mostrar sus encantos, que diría un cursi literato de dos siglos anteriores, para denominar lo que ahora conocemos por tetas y hace muy poco pechos y dentro de poco tiempo pectorales.
O sea, en honor a la verdad, debo aclarar que: la señora marquesa ,
1- No desparramó sus tetas en una fiesta pública sino privada
2- Más que desparramar lo que pasó fue que se rompió un botón del corpiño y sus apéndices mamarios fueron a parar con el impulso derivado de su tamaño a la mesa donde los escasos invitados jugaban una partida de cartas francesas.
3- Todo ello lo hizo dentro de las normas maritales que regían en su época para acreditar, como buena esposa, que era puta, es decir cortesana. Recordar que siempre se ha dicho que la mujer debe dedicarse a las labores propias de su sexo, y en aquél entonces lo que hizo Lucrecia era una de las labores sociales propias del género femenino.