Abogado, Ingeniero. curioso

viernes, 4 de agosto de 2017

Descanso en un banco de madera.



Hoy me he sentado un rato en un banco de madera.  Es una experiencia que vivo en contadas ocasiones. Hace unos años nunca y ahora, por exigencias del guion, con más frecuencia.
Esperaba oír trinar algún pájaro, pero ya no hay, al menos en las grandes ciudades. Lo más que se oye es berrear a algún niño, con la despreocupación de su señora mamá. Sentarse en un banco, desconectar de los avatares de la vida cotidiana y centrarse en observar lo que te rodea en la proximidad tiene su encanto. He visto a una anciana, de mi edad, revisando ávidamente la carta que acaba de recoger del buzón. Evidentemente una factura o un resguardo bancario del ingreso de su precaria pensión. A su lado un impecable octogenario o como me gusta  decir ahora, un octogeránio, ,leyendo pausadamente, la vista no le da para más, un libro de filosofía, si sí repito, de filosofía.
Más allá, un personaje del barrio, con un pantalón impecable, blanco, cuidando a su perro blanco también como el pantalón para hacer juego. Le había puesto a su alcance una tarrina con agua para que aliviara los calores propios del día canicular. El drama se ocasiona cuando una joven que circulaba, como siempre, atenta a su móvil, tropieza con la tarrina de agua derramando su contenido sin ninguna disculpa. Yo creo que incluso sin darse cuenta. El personaje con rasgos evidentes de afeminamiento, increpa a la joven al estilo de los sainetes de Arniches. En fin, yo que buscaba la tranquilidad, no la encuentro. Mi devaneos metafísicos, alimentados por la quietud de la ausencia de gorjeos, se esfuman. Vuelvo a la realidad y la interesante historia que pensaba contar, fruto de ellos, se evapora entre los arbustos próximos orinecidos probablemente por el  mismo perro del personaje del pantalón blanco complementado con un negro jersey , todo a juego con la inversión de la que os hablaba.