Abogado, Ingeniero. curioso

viernes, 8 de diciembre de 2017

SENTADO EN EL BANCO DE PENELOPE

Mi radiografia sentado en un banco de madera



Estaba agotado. Llevaba años intentando entender lo que siempre le había resultado incomprensible Se sentó en un banco de madera de la estación del ferrocarril, tal vez en el mismo que la Penélope de Serrat y, como ella, esperó a que pasara el primer tren. Pasaron varios, pero de ninguno  bajó el viajante de sus ilusiones. Ya contaba con ello, pero al menos confiaba en algún ectoplasma de solución que remediase o al menos atenuase su cansancio.
Cuando ya la noche se había apoderado de la claridad del día y se disponía a marcharse, él no el día, a no sé donde, apareció ella. Limpió con un viejo pañuelo, mas sucio que el banco, la zona donde iba a sentarse. Aunque notaba su mirada penetrante, él ni siquiera giró la cabeza. Su agotamiento físico y mental se lo impedía. No tenía fuerzas ni interés en conocer a nadie.
La visitante empezó a parlotear frases sin sentido, una detrás de otra, y entre la niebla de lo poco que entendía le llegó el mensaje. Lo que estaba esperando viendo pasar trenes, había llegado andando y estaba allí sentada a su lado.
Esto le obligó al esfuerzo de mirarle y allí, disfrazado de mujer, estaba la persona encargada de su viaje final. Entenderlo fue una mezcla de alivio, miedo, tristeza y le provocó un torbellino de recuerdos,de momentos vividos. Al hacerlo no solo se le acentuó el cansancio sino que también comprendió su naturaleza.   La vida, dicen, es el comienzo de la muerte, aunque ya no es tan seguro, pensó, que la muerte sea el comienzo de la vida, creándose así una serie de ciclos de reencarnaciones ininterrumpidos.
Ante esta duda, metafísica y sin solución a corto plazo, decidió levantarse, eso si con gran esfuerzo,y sin despedirse de su compañía , se fue alejando lo más rápido que su lamentable estado lo permitió.
Vano intento, a unos treinta y tres metros, por cierto, la edad de Cristo cuando murió, tropezó y cayó a la vía. El último tren del día le crucificó sobre las traviesas de madera.
Todavía se oyen la macabras carcajadas del visitante que había conseguido su misión, llevárselo, sin casi mover un dedo. Esto le permitió a la muerte, disfrazada, dejar a un lado la guadaña para una mejor ocasión,  ya llegaría. la ocasión, no la guadaña.

jueves, 7 de diciembre de 2017

EMULANDO A LOS MODERNISTAS


 






Este trabajo es un puro divertimento para mi. En su día recibía a través de una página WEB titulada PALABRAS DIVERTIDAS E INTERESANTES, términos recogidos en el Diccionario de la Lengua Española, procedentes casi todos de expresiones de la América Latina, totalmente desconocidas para mi, pero que mi afición por las palabras me hizo ir recogiéndolas en un diccionario particular. Luego se me ocurrió confeccionar una historia de ficción utilizando dichos términos. Titulé el trabajo; emulando a Cortazar. Había leído algo de este autor, mágico en el uso de palabras que debo confesar me había dejado anonadado.
Posteriormente he conocido autores de la época modernista y postmodernista, como Elliot, Faulkner. Joyce, Borges, Cortazar, y he entendido el porqué de mi dificultad para entenderlos.
Yo, sin saberlo, estaba iniciando mis primeros pasos en un género de escritura que luego me ha abierto una puerta hacia un mundo nuevo y fantástico.
He revisado mi trabajo añadiendo notas a pie de página con el significado de cada palabra que incluyo en negrita. Era necesario para facilitar la lectura. El contenido del cuento es irrelevante, aunque debo significar que su redacción me ha exigido un gran esfuerzo. Lo importante de este texto que hago llegar es destacar la riqueza de nuestro vocabulario, ampliado recientemente por los académicos, precisamente con una serie de términos casi en desuso para territorios de habla española que no sean del continente americano.

  CAPITULO I       El banquete




El ñango[1] desparramado por el suelo había atafagado[2] a todos los presentes en la cena de despedida. Era un olor insoportable.

Aunque lo cierto es que la mayoría de asistentes eran pelafustanes[3] con aspecto astroso[4]  incapaces de enarmonar[5] ningún tipo de queja al ínclito anfitrión organizador de la cena, que con cariño a sus invitados había preparado y servido un ciquitroque[6] aderezado con paprika[7] que lo hacía gustosísimo , añadiendo alcauciles[8] de Aragón, el dueño de la casa empezaba a sentir el pródromo[9] que anunciaba una próxima enfermedad.

 En el ambiente flotaba una especie de ectoplasma[10] que, aunque la vitróla[11] seguía desgranando canciones para amenizar, producía una extraña sensación en los presentes, y no hacía la situación precisamente desopilante[12].

 Para aliviar la tensa situación ordenó al ñengo[13] criado que utilizase rápidamente la aljofifa[14] para limpiar rápidamente el suelo, no solo para evitar los malos olores sino, también para evitar la sanción que sin duda le aplicaría el veedor[15] cuando inspeccionase el recinto.

Este último personaje tenía fama de garrulo[16] aficionado a gulusmear[17] por la cocina y seguro que rápidamente se daría cuenta del tema.

 El criado cubierto con una especie de greba[18] para protegerse de la suciedad, dejó de candonguear[19] y comenzó a la limpieza.

 La anfractuosidad[20] del suelo, a pesar de la profesionalidad del limpiador gracias a la didascália[21] de su empleador, dificultaba la  limpieza. El ñengo servidor coñaceaba[22] con ímpetu el pavimento pero la suciedad se abroquelaba[23] en defensa de su natural misión, enmerdar[24] entre los pliegues del pavimento

 El gatuperio[25] estaba servido, no había solución alguna, Ni la xenoglosia[26] del chozno[27] sería capaz de evitar la ira y la multa del veedor. Los comensales empezaron a desfilar con lentitud abandonado el recinto del ágape, mientras el ínclito y el ñengo lloraban su desgracia vertiendo gruesas lágrimas que ensuciaban todavía más, si fuese posible, el anfractuoso suelo.

 La única solución para atenuar la tensa situación fue llamar a la perendeca[28] de turno para que con las hojas de la matalahúga traída de Oriente intentase atafagar al zurambático[29] criado antes de que preso de ira soltase el arraclán[30] entre los presentes. Con esta actitud el dueño de la casa pretendía acrisolar[31] dentro de lo posible la dramática situación, circunstancia que no había conseguido con el generoso rioja servido con el tragavino[32].



CAPITULO II Maniobra de distracción

 La perendeca además de vender sus encantos, propio de su oficio, una vez desprendida de sus ponlevíes[33], se llevó a los presentes a lanzar el papalote[34] en la playa próxima al puerto en que estaban todos los suntuosos barcos de los invitados amarrados en sus correspondientes norays[35]. Los invitados se debelaron[36] a sus encantos y mientras tanto, el zurumbático criado miraba como el papalote dibujaba en el aire las cabriolas más inimaginables. Observar la cara del pasmado era una gozada indescriptible. El espectáculo hizo olvidar a los presentes casi todo, es decir: el ñango desparramado, al ñengo criado, el coñaceo de este último, el gatuperio servido, al chozno xenogleando. Ya solo tenían ojos para la descalza perendeca, su papalote, término que no debe confundirse con ninguna otra parte de su hermoso cuerpo o sus otras virtudes que para no atafagar al personal no revelaré.

Mientras todo eso sucedía en la playa, en la habitación del ágape, el ínclito que como recordareis no era otro que el anfitrión de la casa pesar de los esfuerzos del hasta entonces llamado ínclito, intentaba con todas sus fuerzas arrojar de la estancia al goliardo[37] de su cuñado que pretendía coñacear y descuajaringar los escasos enseres de la estancia habilitada como merendero y acabar con las pocas viandas que quedaban. 

 No se lo iba a permitir pues tanto los muebles como las viandas le eran necesarios para la próxima comida. Sobre todo la vitrola que junto con la matalahúga atafagaba a los comensales provocando el éxtasis en ellos. Si tenía que enviudar a su hermana lo haría. Estaba harto de garrulos con los que cualquier didascalia era inútil y con los que no cabía oscitancia[38] alguna.

 En última instancia avisaría a los soldados encargados de su protección y previa paga de un prest[39] generoso les pediría extremasen la vigilancia de los aposentos, no fuera el caso de que aparecieran más goliardos en apoyo del anterior.

 Ahora al cabo del tiempo se daba cuenta que la sensación de un ectoplasma vagando por la sala, que habían tenido durante la comida, era real y se correspondía con el mortinato[40] de su hermana y su marido el goliardo, probablemente con su presencia, había querido avisar de los acontecimientos futuros.


CAPITULO III. A lo lejos.

 Mientras todo esto que os narro, totalmente veraz, creerme, estaba sucediendo, a mucha distancia se producían otros hechos que debéis conocer y que por eso voy a contar.

 En una gran estancia, con mucho mueble, pero con poco público, se oían los sones de un cálamo[41] interpretando dulces canciones medievales propias de otra época. Parecía como si la máquina del túnel del tiempo hubiera transportado todo a momentos muy anteriores al que sucedían los hechos que voy a contar.

 Bajo los influjos de la música escucharon la melodiosa voz del narrador que contaba:

Érase una vez un sitibundo[42] cazador que atravesando la selva amazónica se recostó bajo la sombra que proporcionaban unas ayahuascas[43] de las que ignoraba sus propiedades alucinógenas. Para calmar su sed producida por un exceso de pizpierno[44], probó unas cuantas hierbas y rápidamente entró en un mundo de sensaciones del que cualquier ditirambo[45] se hubiera quedado pequeño al describirlas. No se trataba de una cuestión “noli me tangere[46]. Estaba sujeta a discusión por la comunidad médica de la civilización de la que provenía el cazador si los alucinógenos, con moderación, eran beneficiosos para la salud ó, por el contrario, seriamente perjudiciales.

 El narrador no era un estulto[47], sino todo lo contrario. A base de esfuerzo había conseguido pasar de crápula[48] a convertirse en un alfaquí[49], docto en leyes musulmanas y en consecuencia legitimado para ser creído en la historia sobre el cazador que contaba apoyado en el ajimez[50] y bajo el viento de poniente que se conocía como céfiro[51].

 La barbacana[52] que habían construido no era suficientemente eficaz para evitar el céfiro

Un weimarés[53] venido de la Alta Sajonia que le escuchaba atentamente y que con el tiempo vendría en convertirse en el oíslo[54] del narrador, se tocó el píspelo[55] que le había crecido y que le molestaba casi tanto como a la figulina[56] que se apoyaba en la repisa de la ventana.


CAPITULO IV. Nuevos sucesos que cambiarán la historia que cuento
Al amanecer del día siguiente, festivo y falto de obligaciones de trabajo, Aljami se propuso dedicar unas horas al culto, después de practicarse un higiénico pediluvio[57] por razones médicas. Preguntó adonde se encontraba el ágora más próxima y hacia allí se dirigió con paso decidido. Estaba deseoso de escuchar a los hierofantes[58] del lugar que tenían gran fama de eruditos en cuestiones recónditas.

 Escuchando a uno de ellos, conocido por Jenofonte poco a poco, embelesado por la explicación, fue viajando mentalmente a un lugar desconocido para él, empero que lo que veía le resultaba familiar. Divisaba un extenso campo donde un campesino estaba procediendo a binar las tierras. Le veía inexplicablemente vestido con una aljuba[59] de la que luego se enteró pertenecía a una morisca de la familia que recién había llegado a su país procedente del norte de África. No encontraba una lógica a esta estrafalaria vestimenta.

 Al acabar la faena en el campo y sin despojarse de su estrafalario vestido se dirigió a un cobertizo construido con restos de paja y cubierto de planchas de hojalata para engullir un sabroso somarro que la víspera le había cocinado su esposa. Solo tenía que chamuscarlo un poco en la parrilla. El somarro[60] venía precedido de un caldibache[61] que le supo a gloria al campesino. Aljami en su viaje imaginario recordó la larga cáfila[62] que formaba su caravana cuando llegó a Damasco. La recordó porque allí ni un calducho como el que se tomaba el campesino estaba a su disposición y pasó un hambre que no podía olvidar.

 El aspecto del habitáculo donde se veía al campesino cocinando estaba tan deteriorado que hacía presuponer una plaga de animáculos[63] incrustados en cada uno de sus rincones y especialmente en las almohadas que se encontraban esparcidas. Esto ciertamente daba un poco de repugnancia sobre lo que se cocinaba, pero el campesino no parecía darse cuenta de nada y se le notaba ansioso por degustarlo.

 Mientras que el azacán[64] recogía el agua necesaria para binar la tierra después de aplicar el tempero[65] suficiente para poder recoger al año próximo una buena cosecha. Iba vestido con un oblongo[66] excesivamente largo que le daba un aspecto de calandraco[67] o mejor dicho zarandaja[68]. La cellisca[69] de agua y nieve caída el día anterior había despertado a todos los ruedapelota[70] y vinchucas[71] del campo devastando el cultivo con la aparición de numerosos matagallegos[72] que con la resolana del siguiente día alcanzaron dimensiones enormes. El azacán había procurado asubiase[73] de la lluvia, cubriéndose con una especie de solideo al estilo de los cardenales del lugar ,  pero de vulgar tela en vez de seda como era al uso eclesiástico. Es cierto que su cabello crespo le impedía pergeñar la puesta del citado casquete pero para decirlo de una forma perspicua,[74] perseverar en el intento era preferible al báratro a tener que guarecerse de la cellisca en una almáciga[75] del amo llena de morondangas [76]mezclada con el butiro[77] hecho con la leche de hace ya varios días con riesgo de contraer una epizootia[78] tan dañina para la salud como la peste bubónica según rezaba en las salmodias contenidas en la crestomatía[79] recibida de sus ancestros.
 Al ver llegar al amo luciendo en su oreja un perendengue similar a los reóforos[80] que se empleaban en la masía katipunan[81] observa los apotropaicos[82] celebrados para alejar los males producidos por los trozos de plecbenda[83] desprendidos de los yacimientos cercanos.
 Pensó en salir corriendo, pero a pesar de la resiliencia[84] de que era famoso en el lugar, el dolor del carcaño[85] le impedía alejarse con la rapidez que hubiera sido necesaria. Para más inri llevaba unos cuantos días sufriendo graves trastornos por el epidídimo[86] de esa zona tan especial para el cuerpo humano. Prefirió como le había enseñado su maestro gran conocedor del tema aprendido con el estudio de la ecdótica[87], sufrir la contumelia[88] del amo y comerse un sabroso comistrajo[89] que había traído en una escusabaraja[90] preparada al efecto.
Al hacerlo se añusgó[91] con un trozo de dubnio[92] que le recordó sus aventuras marinas en las que, más de una vez, el cardumen[93] de pescado en el interior del mar le había provocado la misma sensación. Como pajuerano[94] que era lo que quiere decir practico en decisiones y para impedir acudir a un nosocomio[95] donde le extrajeran el trozo de mineral tragado involuntariamente con el comistrajo, procuró apretar todo lo posible su cuerpo sobre sus antífonas[96] hasta conseguir expulsarlo sin intervención quirúrgica.
Al hacerlo, sintió sobre su rostro una sensación de frescor similar a la que el lebeche[97] mediterráneo le proporcionaba en las ya mencionadas aventuras marítimas.
Con la longanimidad que le caracterizaba se repuso rápidamente del incidente y  llendose a descansar a la sombra de un guarango[98] corría mentalmente una falleba[99] a la puerta de sus pensamientos y con el dulce recuerdo del juego infantil de la payaya[100] que solía practicar en su niñez se puso a soñar, como si de un pitiyanqui[101] cualquiera se tratara, con las enseñanzas que le impartían sus maestros con un exquisito manejo de la prosodia.

Soñó con su conversión de hombre lépero[102] en la versión de la América central de este término, a un hombre ilustrado dominador de retruécanos que a base de practicar la eutrapelia[103] y aprendiendo una galerada de cultos términos había conseguido olvidar todos los gazapatones[104] que antes de su conversión frecuentaba utilizar al comunicarse con sus compañeros de juego.

 Tenía que confesar que en su mocedad tenía fama de nocherniego. Salía cada noche con sus amigos y eran tantas las travesuras que realizaban al amparo de la obscuridad que casi se les podía confundir con vestiglos que salían para asustar a los pocos viandantes que circulaban por las calles. Nada le arredraba. Bajo el ñublo de la noche y con las medias al virulé[105], se dirigió con acucia a visitar a la barragana de turno, que como cada noche le esperaba después de haber cumplido con su protector.

 Llegado a la casa y después de los plácemes de cortesía, depositaba el importe del servicio en la alcancía que su anfitriona tenía preparada colgando de una pasteca[106] enclavada en el techo de la estancia. El abibollo[107] próximo a la casa atraía muchos alquimís[108] que suponían una importante molestia para el uso al que las habitaciones estaban destinadas. La barragana se hacía servir de un rabdomante[109] que mediante sus artes de radioestésia   alejaba a los incómodos mamíferos. Lo cierto es que toda esta parafernalia le producía a nuestro protagonista una cierta   jindama[110] dada su continuada vida de cenobita[111] a excepción de estas escapadas nocturnas como la que ahora contamos. La jindama le privaba del estro[112] necesario para embaucar a la barragana y disfrutar de sus favores con más deleite













[1]   Ñango.  Dicho de la carne de cerdo
[2] Perder el sentido especialmente con olores fuertes
[3] pelagatos
[4] desaseado
[5] Levantar o poner en pie algo
[6] Fritada de pimientos
[7] pimentón
[8] Alcachofas silvestres
[9] Malestar que precede a una enfermedad
[10] Supuesta emanación de un medium
[11] gramola
[12] Divertida que produce mucha risa
[13] enclenque
[14] Pedazo de paño de lana para limpiar
[15] Encargado de vigilar la adaptación a la ley
[16] Dicho de una persona vasta
[17] husmear
[18] Pieza de armadura antigua
[19] Holgazanear
[20] Sinuosidad
[21] La formación didactica
[22] Dar golpes fuertes
[23] Se defendía
[24] Cubrir de mierda
[25] embrollo
[26] Lenguaje ininteligible
[27] descendiente
[28] prostituta
[29] atontado
[30] Insecto de la familia de la araña
[31] Aquilatar, depurar
[32] Embolo para trasvasar liquidos
[33] Calzado especial por la forma del tacón
[34] Cometa de papel
[35] Poste para amarrar.
[36] rindieron
[37] Dado a la gula y a la vida desordenada
[38] Inadvertencia por descuido
[39] Parte del haber del soldado
[40] Persona que nace muerta
[41] cáñamo
[42] Sediente, que tiene sed
[43] Planta selvática de cuyas hojas se prepara un brebaje alucinógeno
[44] lacón
[45] Alabanza exagerada
[46] Literalmente  : no me toques
[47] necio
[48] libertino
[49] Entre los musulmanes docto en Leyes
[50] Ventana arqueada
[51] Viento de poniente
[52] Muro bajo
[53] Natural de Sajonia
[54] Persona querida y estimada
[55] orzuelo
[56] Estatuilla de cerámica
[57] Baño de pies
[58] Sacerdotes griegos
[59] juba
[60] Trozo de carne
[61] calducho
[62] Multitud gente o animales
[63] Animal perceptible solamente con el auxilio del microscopio.
[64] Que se ocupa en trabajos penosos y el aguador
[65] sosiego
[66] Mas largo que ancho
[67] Persona ridícula
[68] Cosa menuda, sin valor
[69] Temporal de agua
[70] Tipo de escarabajo
[71] Insecto de color negro
[72] Planta herbácea de la familia de las compuestas
[73] guarecerse
[74] Clara y transparente
[75] Almacén de vegetales
[76] Cosa inútil
[77] mantequilla
[78] Epidemia de animales
[79] Colección escritos selectos
[80] Conductores eléctricos
[81] Miembro de una organización secreta
[82] Ritos mágicos
[83] Material de Uranio
[84] Capacidad humana dee resistir situaciones difíciles
[85] Parte posterior del pie
[86] Órgano situado al costado de los testículos
[87] Disciplina que estudia los medios y los fines de la edición de libros
[88] Injuria o insulto a otro
[89] Mezcla de restos de comida
[90] Cesta de mimbre
[91] atragantó
[92] Mineral de uranio
[93] Sopa de pescado variado
[94] campesino
[95] hospital
[96] nalgas
[97] Viento mediterráneo
[98] Árbol selvático
[99] Varilla de hierro
[100] Juego infantil
[101] Imitador de un estadounidense
[102] soez
[103] Moderación del exceso de diversión
[104] Expresión malsonante
[105] Medias arrodilladas en su parte superior
[106] Cajón con una abertura
[107] Persona distraida
[108] bichos
[109] Experto en radioestesia
[110] miedo
[111] Persona que profesa la vida monástica
[112] Inspiración del poeta
























































[1]   Ñango.  Dicho de la carne de cerdo
[2] Perder el sentido especialmente con olores fuertes
[3] pelagatos
[4] desaseado
[5] Levantar o poner en pie algo
[6] Fritada de pimientos
[7] pimentón
[8] Alcachofas silvestres
[9] Malestar que precede a una enfermedad
[10] Supuesta emanación de un medium
[11] gramola
[12] Divertida que produce mucha risa
[13] enclenque
[14] Pedazo de paño de lana para limpiar
[15] Encargado de vigilar la adaptación a la ley
[16] Dicho de una persona vasta
[17] husmear
[18] Pieza de armadura antigua
[19] Holgazanear
[20] Sinuosidad
[21] La formación didactica
[22] Dar golpes fuertes
[23] Se defendía
[24] Cubrir de mierda
[25] embrollo
[26] Lenguaje ininteligible
[27] descendiente
[28] prostituta
[29] atontado
[30] Insecto de la familia de la araña
[31] Aquilatar, depurar
[32] Embolo para trasvasar liquidos
[33] Calzado especial por la forma del tacón
[34] Cometa de papel
[35] Poste para amarrar.
[36] rindieron
[37] Dado a la gula y a la vida desordenada
[38] Inadvertencia por descuido
[39] Parte del haber del soldado
[40] Persona que nace muerta
[41] cáñamo
[42] Sediente, que tiene sed
[43] Planta selvática de cuyas hojas se prepara un brebaje alucinógeno
[44] lacón
[45] Alabanza exagerada
[46] Literalmente  : no me toques
[47] necio
[48] libertino
[49] Entre los musulmanes docto en Leyes
[50] Ventana arqueada
[51] Viento de poniente
[52] Muro bajo
[53] Natural de Sajonia
[54] Persona querida y estimada
[55] orzuelo
[56] Estatuilla de cerámica
[57] Baño de pies
[58] Sacerdotes griegos
[59] juba
[60] Trozo de carne
[61] calducho
[62] Multitud gente o animales
[63] Animal perceptible solamente con el auxilio del microscopio.
[64] Que se ocupa en trabajos penosos y el aguador
[65] sosiego
[66] Mas largo que ancho
[67] Persona ridícula
[68] Cosa menuda, sin valor
[69] Temporal de agua
[70] Tipo de escarabajo
[71] Insecto de color negro
[72] Planta herbácea de la familia de las compuestas
[73] guarecerse
[74] Clara y transparente
[75] Almacén de vegetales
[76] Cosa inútil
[77] mantequilla
[78] Epidemia de animales
[79] Colección escritos selectos
[80] Conductores eléctricos
[81] Miembro de una organización secreta
[82] Ritos mágicos
[83] Material de Uranio
[84] Capacidad humana dee resistir situaciones difíciles
[85] Parte posterior del pie
[86] Órgano situado al costado de los testículos
[87] Disciplina que estudia los medios y los fines de la edición de libros
[88] Injuria o insulto a otro
[89] Mezcla de restos de comida
[90] Cesta de mimbre
[91] atragantó
[92] Mineral de uranio
[93] Sopa de pescado variado
[94] campesino
[95] hospital
[96] nalgas
[97] Viento mediterráneo
[98] Árbol selvático
[99] Varilla de hierro
[100] Juego infantil
[101] Imitador de un estadounidense
[102] soez
[103] Moderación del exceso de diversión
[104] Expresión malsonante
[105] Medias arrodilladas en su parte superior
[106] Cajón con una abertura
[107] Persona distraida
[108] bichos
[109] Experto en radioestesia
[110] miedo
[111] Persona que profesa la vida monástica
[112] Inspiración del poeta